Mos Maiorum: de nuevo el discurso del miedo y la xenofobia institucional

Javier de Lucas

Mos maiorum: ¿Un operativo policial más?

Este lunes 13 de octubre comienza una operación de política migratoria que está previsto que se mantenga hasta el 26. Se trata de la denominada Mos maiorum, una iniciativa del Consejo Europeo, adoptada en el mes de julio de 2014. El conjunto de actuaciones que se desplegarán en esos días será coordinado por la secretaría general del Consejo Europeo y el Directorio Central de Inmigración y Política de Fronteras italiano, (recordemos que nos hallamos bajo presidencia italiana de la UE). En ella  se ha invitado especialmente a participar a todos los países de la zona Schengen, que sufragarían el coste, junto con la agencia de fronteras Frontex.

Ese operativo policial conjunto (J.O Mos maiorum) habría pasado desaparcibido, de no ser por la ONG State Watch, que publicó el documento. Tras esa publicación, se despertó un considerable interés en la prensa (cfr. por ejemplo Diagonal y eldiario.es).

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Aunque la denominación y buena parte de los objetivos de J.O. Mos Maiorum podría parecer una suerte de ejercicio casi rutinario (“normal”), una consecuencia lógica de la necesidad de mejorar la eficacia y coordinación de las fuerzas policiales de los Estados miembros de la UE en estas materias, la lectura atenta del documento hace pensar que va mucho más allá.

Si atendemos a los objetivos de la operación, tal y como se enuncian en el documento del Consejo, son de dos tipos. Ante todo, se asegura, luchar contra las mafias que facilitan y organizan la migración “ilegal” a la UE. Además, se trataría de poner en disposición un sistema informativo en el que se recopilen datos sobre las rutas y estrategias que permiten que esos contingentes de población, los inmigrantes irregulares, lleguen a Europa.

Mos Maiorum pone en riesgo derechos humanos de miles de personas vulnerables

Por descontado, lo primero que llama la atención son los métodos y procedimientos para garantizar esos objetivos, que pugnan con el respeto a derechos humanos elementales, que supondrán un riesgo cierto de acoso a inmigrantes y refugiados indiscriminadamente, y también a las ONG que trabajan en su asistencia y defensa. Entre las consecuencias concretas más criticables habría que destacar el hecho de que se recurra una vez más a la práctica de redadas masivas, indiscriminadas, para las que se utilizarán previsiblemente perfiles étnicos –o etnoculturales-, un método de trabajo que ha sido fuertemente criticado no sólo por discriminatorio, sino porque fomenta la estigmatización y criminalización de personas que son situadas bajo sospecha sin más argumento que su apariencia o su pertenencia a grupos lingüísticos, culturales, religiosos, etc. Sobre la falta de legitimidad de ese modus operandi y sobre sus consecuencias negativas me remito de nuevo al Informe elaborado por el grupo de investigación que dirige el profesor García Añón en el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Valencia (el Informe se puede descargar aquí). Cabe recordar que esas prácticas de redadas indiscriminadas se supone que fueron prohibidas en España por la Circular 2/2012 de 16 de mayo, de la Dirección General de la Policía. ¿Volveremos a las andadas?

Que existen esos riesgos y que las ONG son conscientes de ellos lo prueba por ejemplo el pertinente y razonable comunicado elaborado conjuntamente por Cáritas, el Secretariado de la Comisión Episcopal de Migraciones y CONFER (Conferencia Española de Religiosos) que, tras denunciar el sesgo racial, se pregunta por los lugares de recogida de información y de rastreo de los inmigrantes y de sus movimientos: “¿hablamos de espacios públicos, de instalaciones y dispositivos de acogida de organizaciones sociales como las nuestras?”. Por eso, Cáritas Europa, la Comisión Católica de Migraciones Europea y el Servicio Jesuita a Refugiados,  conjuntamente, han planteado una pregunta a la eurodiputada Ska Keller para “conocer, entre otras cuestiones, qué mecanismos se han puesto en marcha para garantizar que durante esta operación conjunta de la policía no sean violados los derechos fundamentales de los migrantes, incluyendo el principio de no discriminación y qué medidas de seguridad efectivas se van a adoptar para asegurar la adecuada protección de los datos personales recogidos” (el documento se puede consultar aquí).

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En el mismo sentido, el Diputado del Grupo Amaiur, Jon Iñarritu presentó el pasado 8 de octubre preguntas parlamentarias en las que, tras advertir de los riesgos para la garantía de los derechos humanos, así como de la ilegitimidad de las redadas basadas en perfiles étnicos, requiere datos precisos sobre el modus operandi y las consecuencias de la operación (coste, posibles medidas de expulsión, número de afectados, procedimiento de los operativos, étc) y advierte que con esta operación se corre el riesgo de promover un discurso letal para la convivencia plural, el de la xenofobia y la criminalización de la inmigración.

La UE vuelve por donde solía: el discurso del miedo frente a la inmigración

Pero es que si se repara en el nombre mismo de la operación, hay nuevos elementos para la crítica. Pensemos que la referencia a esa fórmula latina Mos Maiorum, más que una remisión a las “costumbres de los antepasados” tiene una carga muy específica, que probablemente ha sido escogida con toda intención y revelaría el peso de la presidencia italiana, del líder Renzi, tan ingenuamente saludado como una renovación de la izquierda. En efecto, con esa fórmula consagrada, se alude a la necesidad de respetar el estilo de vida y las costumbres legadas por los antepasados y que se deben conservar para los descendientes: es ese patrón de conducta, que se identifica con la integridad moral y el orgullo de la tradición, el que constituye el espíritu del cives romano. De esa forma, más o menos sutilmente, se nos recuerda que los europeos tenemos una identidad y unas tradiciones y reglas de vida, a las que está ligada nuestro orden jurídicopolítico.

Si ese mensaje se pone de relieve en el contexto de actuaciones frente a la inmigración que el Consejo insiste en llamar “ilegal”, hay razones para pensar en un designio reaccionario, antipluralista y de oposición a todo cambio sustantivo, como emblema de la política de inmigración de la UE.  Lo que nos dicen es que no habrá civilidad, ni en el sentido político, ni en el más amplio de civilización, si no sabemos mantener eso que nos es propio frente a las costumbres, valores e instituciones alógenos, las que nos llegarían con los inmigrantes. Es decir, una vez más un mensaje de xenofobia, con el agravante de que se trata de xenofobia institucional, a lo que se une un resultado casi inevitable de estigmatización de la inmigración, presentada como amenaza en términos de seguridad (incluso defensa) frente a la que debe predominar el tratamiento policial. Por no hablar de la confusión que introduce respecto a los refugiados, que serán tratados en el mismo marco que la inmigración irregular, negando una vez más las obligaciones jurídicas que los estados de la UE tiene para con cuantos buscan asilo.

En resumidas cuentas, como ha recordado recientemente Esther Pomares en un artículo excelente en el número 7 de la revista Eunomía con el título “La Unión Europea ante la inmigración ilegal: la institucionalización del odio”, en el que analiza los documentos y decisiones más recientes de la UE, la conclusión se impone. Existe una deriva de la UE que vuelve al mensaje del miedo, del odio, incluso esgrimiendo el espantajo de la incompatibilidad de los inmigrantes con las “señas de identidad europeas”, el Estado de Derecho, la democracia y los derechos humanos. El nombramiento por Juncker del exministro griego de Defensa, Dimitris Avramopoulos,  y la propia “carta de misión” que el mismo Juncker  le envió el 10 de septiembre de 2014, como comisario in pectore, lo confirman (cfr., por ejemplo la crítica de Green 20 a esas directivas de Juncker).

No es así: es el propio Estado de Derecho y los principios de la democracia los que quedan en entredicho con iniciativas “estratégicas” de este cariz. Y son los derechos de los inmigrantes y refugiados los que se ven amenazados en primer lugar. Con un importante matiz: si damos vía libre a esas restricciones de derechos para grupos como esos, estamos abriendo la veda para que antes o después nos lleguen a todos nosotros.

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6 pensamientos en “Mos Maiorum: de nuevo el discurso del miedo y la xenofobia institucional

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  2. Soy jurista, un mundo no precisamente cercano a las artes visuales, aunque por eso mismo me produce cierta alarma ver algo tan claro. ¿De verdad la UE tiene entre sus filas un diseñador, o lo que sea, que haya perpetrado esa portada, o quizás se trata de un genio escondido que nos está mostrando sin demasiada sutileza de qué va la cosa?: Líneas duras, cortantes, un aspa roja sobre fondo blanco, marcos de una sobriedad seca más propia de esquelas funerarias, letras latinas presidiendo con grandilocuencia un entorno minimalista típicamente panfletario, y sobre todo… ¡por favor!… el águila. Esquemática, puro bronce, alas abiertas, garras empuñando su soporte con fuerza y rigor.. ni el director de la versión moderna de Ricardo III o de The Wall hubieran encontrado una mejor recreación de la estética fascista y nazi. Uno no puede dejar de recordar las águilas de las legiones y las de los monumentos funerarios del III Reich, las líneas pretendidamente clásicas de los mamotretos arquitectónicos diseñados por Albert Speer, las letras estremecedoras que simbolizaron las unidades de élite del exterminio, la esvástica. Como siempre, no puedo sino suscribir cada palabra de Javier de Lucas, pero no he podido evitar la tentación de este comentario sobre una “estética” tan elocuente respecto a la “ética” de lo que ilustra.

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